Historia

Los primeros pobladores de estas tierras fueron grupos de homínidos que fabricaron sus utensilios sobre las abundantes cuarcitas villuerquinas hace más de 100.000 años, durante el Musteriense, en el Paleolítico Medio. La huella que nos han dejado es una multitud de restos de talla en las rañas, depósitos que forman extensas plataformas a los pies de Las Villuercas.

El actual poblamiento de Logrosán se extiende a los pies de un plutón granítico, que conforma un cerro aislado en una zona de gran riqueza mineralógica, denominado Cerro o Sierra de San Cristóbal. En este batolito se asentó un grupo humano en la primera edad de los metales, el Calcolítico o Edad del Cobre atraído por sus numerosas fuentes de agua y su ubicación estratégica para el control del territorio. Fueron gentes de la denominada Cultura del Vaso Campaniforme, un pueblo de pastores y agricultores con tecnología aún lítica pero que empiezan a utilizar tímidamente el metal (cobre nativo). De esta época nos han quedado restos como un brazal de arquero de piedra o una punta de flecha de cobre-arsénico de las denominadas "de Palmela", fósiles directores de esta cultura.

Logrosán y Cerro de San Cristobal

Los siguientes habitantes del Cerro de San Cristóbal son gentes del Bronce Final, ya en el primer milenio a.C., que explotan su riqueza mineral, especialmente casiterita (SnO2), mineral de estaño, metal que en estos momentos es fundamental para la economía ya que forma parte de la aleación del bronce (cobre y estaño). Prospectores de metales tartésicos llegan hasta Logrosán en busca de este mineral estableciendo un comercio a través de las Vegas del Guadiana en el que el cerro se convierte en un importante centro minero. Estos pobladores ya se dedicaron a la minería y la metalurgia de lo que dan fe los restos que nos han dejado entre los que aparecen multitud de escorias, crisoles y moldes de fundición (Merideth, 2001).

También los romanos se asentaron en estas tierras, no sólo en el cerro, donde quedan numerosos testimonios de su poblamiento, si no en las fértiles y llanas vegas de los ríos donde construyeron villas en las que llevar a cabo su actividad agraria creando los primeros latifundios que se denominan con el nombre del propietario más el sufijo –ana, de donde podría provenir el nombre de Logrosán, "Lucreti(us)-ana" que derivaría en Logrozana y más tarde en Logrosán (Gil Montes, 1997).

De la presencia visigoda sólo tenemos testimonios en lugares cercanos a Logrosán, como Berzocana. Sí quedan en cambio restos de un poblamiento árabe asentado en el llano y un Hisn (castillo) defensivo en lo alto del Cerro de San Cristóbal, del s.X (A. Pérez, 1992),  que formó parte con otras muchas fortalezas similares como Cañamero y Cabañas de una zona fronteriza con los reinos cristianos (A. González, 2001). En el s. XIII  los castellanos conquistan la ciudad de Trujillo y sus territorios entre los que se encuentra Logrosán pasando a ser tierras de realengo (Gil Montes, 1997). De esta época es la Virgen del Carrascal que se encuentra en la iglesia parroquial, una talla en madera de estilo románico que representa una virgen sentada con el niño en brazos.

En el s.XIV el poblamiento de Logrosán se desarrolla ya en su lugar de ubicación actual. A principios del s.XV se construye la ermita de Santa Ana reconstruida recientemente. En 1492, un logrosaniego, Martín de Logrosán, viaja con Colón en el viaje de descubrimiento de América. Como atestigua la lista de los difuntos del Fuerte de Navidad, Martín fue uno de los tripulantes de la Santa María que perecieron en dicho fuerte. A fines de este siglo o comienzos del siguiente se empieza a construir la iglesia de San  Mateo, actual parroquia,  de estilo gótico isabelino y acabado  renacentista. También en el s.XVI se construye la ermita del Cristo. Durante este siglo y el siguiente destacan dos hijos ilustres de la Villa: Martín del Barco Centenera, un clérigo que marchó como tantos otros a evangelizar el Nuevo Mundo y que en 1602 escribe un libro en el que refleja la parte de la historia que le ha tocado vivir y que titula "ARGENTINA y conquista del Río de la Plata", siendo la primera vez, que se denomina así al país en un documento. Algo después, en 1616, un médico también logrosaniego, el Dr Iván Sorapán de Rieros, escribe "Medicina española contenida en proverbios vulgares de nuestra lengua", un tratado que hoy en día aún se estudia en las facultades de medicina. Ya en el XVIII se construye la ermita del Consuelo. En 1792 Logrosán, que permanecía aún bajo la jurisdicción trujillana, es nombrado Villa por el rey Carlos IV y se erige el rollo jurisdiccional o picota en la, en aquél tiempo, entrada a la población.

En el siglo XIX Logrosán se convierte en partido judicial y comienza a interesar un mineral documentado precisamente aquí en el siglo anterior: la fosforita o fluorapatito, un fosfato del que se localizan varios filones por todo el término municipal siendo el  denominado Costanaza explotado como mina, para la fabricación de fertilizante agrícola, hasta 1944 en que finalizan los trabajos de explotación subterránea. 

Mina Constanza

De esta mina queda una edificación emblemática, el Pozo Calle, uno de los pozos de extracción de mineral y la mina del Pozo María, actualmente en recuperación para su puesta en valor como patrimonio minero y que será visitable en su galería principal y documentado el proceso de extracción y transformación en un centro de interpretación anexo situado en los antiguos laboratorios de la compañía minera. Como consecuencia de esta actividad llegó a nuestras tierras un ingeniero levantino, José Roso,  que fue el padre de Mario Roso de Luna, el más ilustre hijo de Logrosán, teósofo, abogado y hombre muy culto, descubrió un cometa que lleva su nombre y escribió un exhaustivo estudio sobre Logrosán (historia, medio físico…) cuyos manuscritos originales alberga hoy el Museo de Logrosán en el que se pueden admirar otras obras bibliográficas así como una estupenda colección mineralógica entre otras cosas. En este siglo se construyen muchas de las abundantes casas señoriales de la población, de sillares de granito y elegantes portadas. De esta época es también la ampliación de la ermita del Consuelo y la construcción de la fuente de la plaza.

En 1926 se comienza a construir una vía ferroviaria para unir Villanueva de la Serena con Talavera de la Reina. El trazado pasaba por Logrosán y aquí se construyó la vía, la estación y las viviendas de los empleados. La Guerra Civil  paralizó el proyecto que se retomó después para ser finalmente abandonado por no parecerle rentable al nuevo régimen. Este trazado se ha convertido hoy en día, en su tramo Villanueva-Logrosán, en la Vía Verde denominada Camino Natural de las Vegas del Guadiana.   En 1949  se descubren en el Cerro de San Cristóbal los filones de casiterita y enseguida comienza la búsqueda y explotación anárquica del mineral. En el año 50 las compañías mineras se instalan en Logrosán poniendo orden en la explotación de los filones. Al frente de estos trabajos estuvo un geólogo levantino, Vicente Sos Baynat, al que se deben los estudios geológicos de Logrosán, la Comarca de las Villuercas, Extremadura en general y varios lugares más de nuestra comunidad, así como la creación del Museo Mineralógico de Mérida. Durante estos trabajos, Don Vicente recopiló una colección de piezas arqueológicas que nos han hablado del pasado del cerro desde la Edad de los Metales y que actualmente se encuentra en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida. La casiterita siguió explotándose hasta mediados de los años 60. Hubo también actividad minera en el cerro del Serranillo, de la misma naturaleza que el de San Cristóbal, del que los alemanes se llevaron wolframita, durante la Segunda Guerra Mundial, para blindaje de vehículos bélicos.